martes, agosto 16, 2005

Daguerrotipo de mi abuela / E. Diego

De Eliseo Diego

Mi abuela está sentada: es una joven
de esbelto rostro frágil
sobre el altivo cuello: miro inmóvil
la pupila en tinieblas que la mira
desde un abismo: si volviera
no más los ojos a la barba triste
del padre sonriente, se animara.
Pero mi abuela sigue inmóvil, joven.

Se ha de poner en pie muy pronto.
El día la arrastrará consigo hasta el zaguán
mientras la calle vibra al choque cósmico
de casco y casco. Se ha perdido.
Cuando la vuelva a ver, será una anciana.

Pero en tanto, serena, inconmovible,
sigue mirando hacia la sombra inmensa,
su esbelto rostro frágil
sobre el soberbio cuello.
Es una joven.
Está, sencillamente, allí sentada.

De Cuatro de oros (1990)

Mi nombre es Eliseo Diego. Soy, de oficio, poeta, es decir: un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en renglones cortos que se llaman versos. Y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar, o qué sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas. (ED)
Eliseo Diego (La Habana, Cuba, 1920 - Ciudad de México, México, 1994)

8 Comments:

Anonymous Lirva said...

NO pensé encontrar nunca algo de Eliseo Diego en un blog. Gran elección.
Me gustó mucho este sitio.

Saludos***

16 agosto, 2005 13:09  
Blogger Tristán Estar said...

Pus espero tenerte seguido por aquí, Lirva. Necesitamos reproducirnos. Somos pocos. La poesía necesita reproducirse. Siempre es poca ;)

16 agosto, 2005 14:32  
Blogger Lo-que-serA said...

Y así para Tristán. Cuando me vuelvas a ver, seré una anciana.
Besos

17 agosto, 2005 12:23  
Blogger Tristán Estar said...

Naaaaaa

Nel.

17 agosto, 2005 14:47  
Blogger Raquel Olvera said...

Es bien duro ver que la madre envejece, ma cai.

17 agosto, 2005 22:25  
Blogger Tristán Estar said...

Lo bueno es que existe el colágeno ese que da la poesía...

18 agosto, 2005 23:10  
Anonymous angel said...

Por el otoño adentro el humo vuela



Por el otoño adentro el humo vuela
llevándose el aroma del verano.
Quedan los frutos de su amor lejano
en una luz que la nostalgia vela.

Húyese el tiempo y al dejarnos hiela
su no estar tan extraño, tan humano.
Se nos cae la penumbra de la mano,
gruñe el silencio como un perro en vela.

Y la joven de octubre va y se esfuma
por entre los resquicios del empeño
que quisiera salvarla con sus rosas.

Todo el campo se oculta en esta bruma
que no sabemos si es memoria o sueño
y no hay sino el perfume de las cosas.


Eliseo Diego

30 agosto, 2005 07:46  
Blogger Tristán Estar said...

Hermoso poema, Ángel.

Thnks y un gran abrazo.

01 septiembre, 2005 12:15  

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